happy girl on the road in a wheat field at sunset

Tal parece que las circunstancias toman control de nuestros días. Una rutina vertiginosa al abrir los ojos. Corre a prepararte, prepara los niños, coordina con el esposo quien lleva los niños al juego, la niña al karate, el adolescente al trabajo. En ocho horas de trabajo bajo presión, reuniones, presentaciones, cuando enfrentas personas impacientes, amargadas, envidiosas, materialistas que drenan tu espíritu, es un remanso de paz el converger con una persona que con una sonrisa te ayuda a preparar tu equipo. O quizás esa persona a quien le presentas una propuesta tiene la gentileza de dar las gracias aunque decida luego no contratarte. Sales del trabajo y la locura del trafico te agobia; menos tiempo para la familia, qué hacer para cenar, las tareas de los chicos, el esposo llegará tarde porque su negocio está pasando por una reestructuración. Te sientes sola y abrumada aunque estas acompañada. A veces parece que encontramos más personas ingratas y egoístas en nuestro mundo ¿Algún parecido con tu diario vivir?

 

¿Que pasaría si te dijera que tu puedes ser esa persona? Pasamos por el camino de la vida angustiadas porque las emociones dominan nuestras vidas y reaccionamos a las circunstancias. En esto pensaba cuando vino a mi mente el libro de Ann Voskamp, Un Millar de Obsequios, El desafío a tener plenitud de vida allí mismo dónde estás.  En su poético estilo, ella nos explica que estamos ciegos al gozo. Ann describe como Dios cuidó de Hagar cuando tuvo necesidad en el desierto pero que olvidó ese rescate cuando le faltó el agua ya que no vio, dentro de su agobio, que la fuente estaba cerca. (Génesis 16:13-14)

Tenemos ceguera espiritual porque se nos olvida practicar el agradecimiento a Dios. (Ann le llama “eucharisteo”) Pareciera imposible practicar agradecimiento a Dios en medio de un argumento con tu adolescente o con tu esposo, o hasta el jefe, pero si lo piensas por un instante, ¡lo que es imposible es ser agradecido y estar enojado al mismo tiempo! Sí, es posible aprender poco a poco a no reaccionar mientras expresamos agradecimiento en medio de una situación estresante. “Practicar la acción de gracias (eucharisteo) es practicar la presencia de Dios, es estar presente ante El. No tenemos que cambiar lo que vemos. Solo la manera que lo vemos.” Si ambas, el enojarse y el ser agradecido son emociones, ¿cual decides escoger?

Agradecer es el camino al gozo, agradecer es el camino para presentamos ante Dios. No es fácil, pues como los atletas, requiere disciplina, intencionalidad y practica.

Gracias mi Dios por nuestros hijos, gracias porque me retan a ser una mejor madre. Gracias porque puedo practicar agradecimiento por sus logros y por sus dificultades, que son el momento de ayudarles a pensar sabiamente. Gracias por los momentos dificultosos  porque nos ayudan a practicar el abrir los ojos  y buscarte donde dudamos que puedas estar. Fortalécenos mientras vemos como vas derramando tu favor en nuestras vidas , en el nombre de Jesús.

 

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