Sunrise over the beach. Punta Cana

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Cuando vas por una calle bordeada de palmeras, ¿no te invade una sensación de estar entrando a un palacio o corte de un rey? Hay algo en las palmeras que hace transportar tu mente.

¿Sabías que en la Florida solo hay 13 tipos de palmas oriundas, pero la palma de coco no lo es? El coco fue traído por los españoles en 1878. En el viaje de regreso a España, el barco naufragó siendo dispersados más de 20,000 cocos por las costas del Atlántico de la Florida. Estos fueron plantados y cosechados por los colonos. Aún más curioso es el hecho que la palma de coco, desde el punto de vista genético, desciende de uno de dos grupos: uno de las palmas de las costas de India y el otro de las palmas del Sureste de Asia. Son árboles resistentes a la alta salinidad, a las sequías, a huracanes; de tronco fuerte y flexible con profundas raíces, sus ramas siempre verdes en el tope del tronco, su fruto protegido por una dura coraza.

En el Antiguo Testamento cuando Salomón construyó  el templo para Dios según las especificaciones de Dios, las puertas fueron adornadas con querubines y palmeras (1 Reyes 6:32), palmeras y cadenas talladas en oro fino (2 Crónicas 3:5), en las visiones de Ezequiel, los arcos de las puertas y todas las paredes del templo serian labradas de palmeras y querubines (Ezequiel 41:18-20). ¿Qué quiere decirnos Dios?

En mi opinión, desde el punto de vista espiritual, tenemos cualidades similares a las palmas: según vamos acercándonos y conociendo más a Dios, nuestro ser (alma y espíritu) es más “recto”, dirigido hacia El. Dice en 2 Pedro 1:3 “Mediante su divino poder, Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para llevar una vida de rectitud. Todo esto lo recibimos al llegar a conocer a aquel que nos llamó por medio de su maravillosa gloria y excelencia.” Las ramas que adornan el tope parecen elevarse al cielo movidos por el viento, así nosotros elevamos nuestros brazos rendidos a Él en adoración, humildes y en acción de gracias; “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren” (ver Juan 4:23). Jesús nos dejó al Espíritu Santo para que nos consolara, fortaleciera en todas las situaciones que se nos presenta y resistamos al enemigo. También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación” (ver Romanos 5:3,4). El fruto de la palma es dulce, nutritivo dentro de una envoltura dura; nosotros comenzamos con una cubierta áspera, pero cuando hemos permitimos a Jesús en nuestro corazón, nos transforma, y comienzan a manifestarse los frutos del espíritu (ver Gálatas 5:22). 1 Corintios 13 resume nuestra vida mejor: “Si no tengo amor, de nada me sirve hablar de parte de Dios y conocer sus planes secretos. De nada me sirve que mi confianza en Dios me haga mover montañas. Si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás. El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso. No es grosero ni egoísta. No se enoja por cualquier cosa. No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad. El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo. Sólo el amor vive para siempre.”

SOMOS AMADOS, no podemos resistir el amarle. La palmera ha sido coronada con ramas siempre-verdes, nosotros igual. Hemos sido coronados como co herederos del reino celestial por AMOR y gracia.

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