Beautiful white orchidEnglish

Hace más de un año, mi primogénito me regalo una orquídea y me dijo: “Espero que te guste y ojalá no se muera.” Yo le respondí: “Ay querido, con lo mal jardinera que soy. ¡Recuerda que me diste a cuidar una planta de bambú y casi la mato!” El asunto es que mientras estuvo en su tiesto original floreció varias veces hasta que noté que pasaban los meses y sus verdes hojas comenzaban a marchitarse, aunque la regara y alimentara. Pensé, “quizás necesita ser cambiada a una maceta más grande.” Así que busqué en el internet las condiciones y terreno apropiado para trasplantarla a su nueva casa. Nuevo tiesto, tierra fértil para orquídeas, musgo o mantillo para retener humedad. ¡Esto no fue un proceso de un día, me tomo varias semanas pues tenía miedo de acabarla de matar! Luego de varios You Tube educativos, me armé de valor y procedí a sacarla de la maceta, removí la tierra y noté que muchas raíces estaban podridas. Con temor, pode las raíces viejas cuidando de no quebrar las nuevas. Seguí las instrucciones al dedillo: buen drenaje, mantillo, tierra para orquídeas, musgo y alimento, regarla una vez por semana.

Hace unos días me di cuenta que estaba floreciendo y ayer me regalo dos preciosas orquídeas violeta en una vaina. Cuando vi esas preciosas orquídeas temprano en la mañana, pregunté, ¿mi Dios que me quieres decir? Solo dos, una abrió primero, al otro día la otra como si la estuvieran esperando. En mi caminar por la vida puedo identificar tiempos que Dios podo mis raíces, mis creencias erradas. Salmo 139:1, 2 dice: “Dios mío, tú me conoces muy bien; ¡sabes todo acerca de mí! Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; ¡aunque esté lejos de ti, me lees los pensamientos!” Pero nunca estuvo lejos de mí, no se avergonzó de mi porque “Soy una creación maravillosa. Todo lo que haces es maravilloso.” (Salmo 139:14)

Han pasado varios años de duras pruebas como los pétalos de esa orquídea floreciendo, de decidir caminar hacia Jesús ciegamente, intentando no escuchar voces humanas. De buscarle en la intimidad, adorarle, porque “Dios es espíritu, y los que lo adoran, para que lo adoren como se debe, tienen que ser guiados por el Espíritu. Se acerca el tiempo en que los que adoran a Dios el Padre lo harán como se debe, guiados por el Espíritu, porque así es como el Padre quiere ser adorado.” (Juan 4:23,24)

De esperar confirmación a mis oraciones, interceder por otros, vivir una vida honrada y esperar. Esperar es confiar, aguardar. Lamentaciones 3:26 dice: “Es bueno esperar con paciencia que Dios venga a salvarnos”; Rut 3:18 “Ahora sólo tenemos que esperar con paciencia”; también en Romanos 8:25 “Sin embargo, si esperamos recibir algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo con paciencia.” Me toco esperar si el cuidado a la orquídea daría los resultados que no veía. Asimismo, Dios es nuestro jardinero: poda, alimenta, riega y nos ve florecer extraordinariamente cuando descubrimos que nuestro destino está alineado al de Él. Floreciendo, como en Juan 15:1-3 dijo Jesús: “Yo soy la vid verdadera, y Dios mi Padre es el que la cuida. Si una de mis ramas no da uvas, mi Padre la corta; pero limpia las ramas que dan fruto para que den más fruto. Ustedes ya están limpios, gracias al mensaje que les he anunciado.”

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