Cuando el Señor puso la palabra edificar en mi corazón, vino a mi mente una frase que mi papa siempre nos decía: “haz como las hormigas”. Curiosamente encontré que investigadores en ingeniería biológica se han dedicado a estudiar el comportamiento de las hormigas en lo referente a la construcción de colonias, así como puentes y balsas con sus cuerpos para sobrepasar obstáculos que interrumpen la búsqueda de comida o sobrevivir inundaciones respectivamente. Ellas exhiben un mecanismo de auto-organización, pues no los dirige un líder, que es observado comúnmente en la naturaleza. Los científicos observan este mecanismo para imitar y aplicar las reglas de construcción en el diseño de materiales que puedan auto-repararse para uso arquitectónico, entender como un grupo de células se unen para formar un órgano y hasta para recrear como las neuronas se conectan en el cerebro. ¡Fascinante!

Según el Diccionario de la Real Academia Española, esta palabra viene del latín “aedificāre” que significa construir. Si nos remontamos al origen ancestral cuando aparece en la biblia, edificar proviene del griego antiguo en la palabra “oikodomé” (fonéticamente es oykodomay’) que quiere decir construir una casa; crítica e instrucción constructiva que levanta a una persona para que Dios more en ella.

Cuando oíamos de Dios, consideramos este cuerpo como la casa del yo. Es donde mi mente, mi libertad de selección y mis sentimientos dictan como se mantiene mi casa. Elegimos salir con el grupo de amistades a divertirnos y beber hasta emborracharnos, aunque el efecto secundario no es agradable. También elegimos tener sexo sin compromiso porque es una sensación exquisita, aunque se sienta un vacío inexplicable. A través de todas estas experiencias Dios toca la puerta de tu corazón. Esperando a que te des cuenta que eres amada, no porque lo merezcas, sino porque Su amor es inmensamente grande, profundo e incondicional. Entonces, llega un momento en tu vida, sea en la adolescencia, adulto o ya grande donde percibes que Dios es bueno, no un malgenioso. Dios es amor, no un padre que odia. Dios da nuevas oportunidades, no te abandona. Comienzas a entender su carácter y te percatas que Él ha colocado personas en tu vida que van elevando, edificando tu alma. Dice Romanos 15:1-2 en la biblia: “Los fuertes en la fe debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada. Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo.” Entonces el Espíritu Santo se encarga de guiarte y comienzas a conocer a Dios, vivo y real. Pero no pienses ni por un instante que este proceso es lineal o tipo microondas. Los niveles de conocimiento y madurez espiritual van avanzando en escalas. Vas recibiendo en tu alma y espíritu estrategias para resistir al enemigo, ser apoyo para alguien, discernir cuando has hecho algo incorrecto ante los ojos de Dios, perdonarte y retomar el camino sin mirar atrás ni autocastigarte. Parece ser muy importante para Dios el edificarnos ya que, en el libro de Jeremías, Dios dice: “los edificaré y no los derribaré” en tres ocasiones (24:6, 31:4 y 42:10).

Busquemos edificarnos unos a otros para la gloria y honra de Dios, en el  nombre de Jesus.

 

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