Vertical photo of a young woman jumping like a winner.

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¡Qué tiernos nuestros hijos/as cuando eran bebes! Bellos e indefensos con un futuro esperanzador frente a ellos que como padres comenzamos a planear. ¡Cuánto se aman! Somos capaces de los más grandes sacrificios para su bienestar, salud y un futuro lleno de oportunidades. Según crecen, su sentido de independencia nos choca pues hemos provisto todas su necesidades físicas, emocionales y espirituales. Nos enorgullece verlos saludables, nos deleita que sean felices pero nos quita el sueño que tomen sus propias decisiones, que se equivoquen y pierdan el camino.

¿Cómo se manifiesta el poder de Dios en nosotras en estas circunstancias, ya sea que tengas un bebe,

un hijo/a de edad escolar, adolescente, adulto o estés criando nietos? Algo fundamental que debemos realizar es que no se trata de cuantas buenas obras hago, cuantas veces voy a la iglesia o cuantas horas dedico a la oración, para que nuestros hijos se desarrollen emocional y espiritualmente seguros en Cristo.

Nuestro enfoque ha de ser primeramente, Quien es mi Dios pues según 1 Corintios 8:6 dice “para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos.”

Segundo, cual es mi Guía: Romanos 8:14 “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”. Tercero, cual es/son mis Frutos: Gálatas 5:22-23 “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.”

Para que nuestros hijos tengan las herramientas necesarias para crecer seguros en Cristo, nosotras tenemos que evaluar si el poder en nosotras proviene de nuestro Dios que es el creador de todo lo que existe o de lo que dice la cultura. La palabra de Dios nunca cambia ni se contradice, Dios no es un padre que cambia de idea. Así que cuando nuestra guía procede de Su Palabra somos guiados por el Espíritu Santo, así como fue con Jesús. Tenemos el poder de Dios en nosotras a través de Cristo quien manifestó todos los frutos del espíritu.

Teniendo más clara la estrategia a seguir para criar/guiar nuestros hijos o nietos, capacitándonos del conocimiento de Dios, sabiduria y discernimiento, entonces podemos impartir a ellos lo que poco a poco ha permeado nuestra alma y espíritu, los frutos del Espíritu. Ya no hay necesidad de imponer nuestros sueños incumplidos a nuestros hijos, ni perder el control porque nos frustramos con ellos, ni abrumarnos porque maneja un auto, ni angustiarnos porque discutió con la esposa/o.

El reconocer que Dios tiene poder y está en control nos libera de la constante angustia y la incertidumbre. No se trata de imponer una religión sino demostrar nuestra relación personal con Dios a través de Jesús para que ellos vean y oigan. Según los hijos van creciendo y entendiendo, ven tus acciones más parecidas a las de Cristo.

Ven el poder en ti.

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