People silhouettes at shopping mall

Autora: Magda Vazquez

¿Cuántas veces nos apresuramos a tomar decisiones para luego arrepentimos cuando nos damos cuenta que no fue una decisión sabia? Pensaba en esto y la imagen del zumbador vino a mi mente.  El zumbador bate sus alas ochenta veces por segundo, tiene latidos cardiacos de 1260 por minuto y cuando está succionando el néctar de una flor, usa su lengua a razón de trece veces por segundo. Pesa menos de 8 onzas y solo vive cuatro años. Vive una vida apresurada.

Prisa, urgencia, apremio, diferentes palabras para describir un estilo de vida rápida. Nosotras pensamos a menudo: terminar mis estudios a esta edad, “tengo” que casarme a tal edad, y tener hijos cuando tenga esto o aquello. Cuando pasa el tiempo del “reloj biológico” nos apresuramos y tenemos el hijo sin tener una relación solida basada en la comunicación y confianza. Tal vez saltamos a una relación porque sentimos soledad o por la presión de nuestras familias que piensan saber lo que es mejor para nosotros. No nos detenemos a reflexionar para poner en perspectiva las prioridades en nuestra vida. Sí, vivir con prisa como el zumbador, no nos ayuda a vivir plenamente y alcanzar nuestro potencial.

No hay nada malo en querer estudiar y trabajar en lo que nos apasiona. Quizás no lo sabes, pero Dios puso esa llamita de pasión en tu corazón porque El te conoce desde antes de nacer, conoce todos tus caminos (Salmo 139:3,13). Por otro lado, culturalmente hablando, la presión sobre nosotras de tener familia es inmensa. Reaccionamos a la presión tomando decisiones apresuradas con ese novio o esposo que no actúa como un hombre fiel o es abusivo o egoista . Quizás es adicto al trabajo, el alcohol, las drogas. Nos cegamos y ensordecemos porque solo oímos sus palabras y no miramos sus acciones, no reflexionamos. ¡Yo sé!

Tal vez tenemos hijos y seguimos viviendo con premura. Nuestros hijos no son prioridad, no hemos tomado el tiempo para reflexionar en los valores que deseamos sembrar en ellos, cómo elegir lo Que. es apropiado para su edad, hablarles con sabiduria y conozcan el amor de Dios (aunque nosotras no estemos seguras de conocerlo). ¡Hay esperanza! No importa en qué etapa de la vida te encuentres, ¡hay esperanza en Jesús! Pide que guie tus pasos como en Salmos 119:133 dice “Guía mis pasos conforme a tu promesa; no dejes que me domine la iniquidad”.

A pesar de que Cristo vivió una vida apresurada en sus cortos 33 años cada uno de sus días pausaba y reflexionaba  en cómo ayudarnos a entender que fue enviado por Dios padre. Pienso que Jesús tenía una vista panorámica de las circunstancias y personas de su tiempo y utilizo cada interacción con ellos para mostrar el poder de Dios y el mensaje de esperanza de una vida eterna con Dios tanto física como espiritualmente. En el capítulo 22 del evangelio de Mateo se condensa un profundo mensaje: Jesús nos invita a todos a compartir con él como un novio en la fiesta de bodas; debemos vivir en el mundo, mas no con el mundo; debemos amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a nosotros mismos. Profundo y actual. Vivimos de prisa, ¿con reflexión y propósito?

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